El ácido fusídico pertenece al grupo único de los fusidanos, agentes antibacterianos que actúan inhibiendo la síntesis proteica bacteriana mediante el bloqueo del factor de elongación G (FE-G), evitando que éste se una a los ribosomas y a la GTP (guanosina trifosfato), interrumpiendo de esta forma el aporte energético para el proceso de síntesis. El ácido fusídico es activo frente a diversas bacterias Gram-positivas y cocos Gram-negativos. No es activo frente a Enterobacterias u hongos. La principal propiedad terapéutica de la betametasona (como valerato) es su actividad antiinflamatoria. Betametasona inhibe la adhesión de neutrófilos, monocitos y macrófagos a las células capilares endoteliales del área inflamada. Betametasona bloquea el efecto del factor inhibitorio de la migración de macrófagos y disminuye la activación del plasminógeno a plasmina. Finalmente, mediante la inhibición de la actividad de la fosfolipasa A2, via formación de lipocortina, betametasona reduce la formación de prostaglandinas y leucotrienos en el tejido local.
En adultos y niños, en el tratamiento de dermatitis eccematosas tales como: eccema atópico, eccema infantil, eccema discoide, eccema de estasis, eccema de contacto y eccema seborreico, en las que se ha confirmado o se sospecha la presencia de una infección bacteriana secundaria.
Uso cutáneo. Se aplicará una pequeña cantidad de crema, en capas finas, directamente sobre el área afectada, practicando un ligero masaje. Deben lavarse las manos después de cada aplicación, a menos que sus manos sean la zona a tratar. Se aplicará una pequeña cantidad de crema, en capas finas, directamente sobre el área afectada, practicando un ligero masaje. Deben lavarse las manos después de cada aplicación, a menos que sus manos sean la zona a tratar.
Hipersensibilidad al ácido fusídico/fusidato de sodio, la betametasona (como valerato). Infecciones fúngicas sistémicas. Infecciones cutáneas primarias causadas por hongos, virus o bacterias no tratadas o controladas mediante un tratamiento adecuado. Manifestaciones cutáneas relacionadas con tuberculosis no tratadas o no controladas mediante un tratamiento adecuado. Dermatitis perioral y rosácea.
Evitar el tratamiento continuo a largo plazo, el uso cutáneo prolongado puede dar lugar a atrofia cutánea, debido al contenido de betametasona (como valerato). Dependiendo del lugar de aplicación, hay que considerar la posibilidad de absorción sistémica de la betametasona (como valerato) durante el tratamiento y puede producirse una supresión reversible del eje hipotálamo-pituitario-adrenal (HPA). Eevitar el contacto con los ojos. Se pueden producir alteraciones visuales con el uso sistémico y tópico de corticosteroides. Si aparecen síntomas como visión borrosa u otras alteraciones visuales, evaluar las posibles causas, que pueden ser cataratas, glaucoma o enfermedades raras como coriorretinopatía serosa central (CRSC), que se ha notificado tras el uso de corticosteroides sistémicos y tópicos. El uso generalizado o repetido puede aumentar el riesgo de que se produzca una resistencia al antibiótico. La limitación de la duración del tratamiento tópico con ácido fusídico y betametasona (como valerato), a no más de 14 días seguidos de tratamiento, minimizará el riesgo de que se desarrollen resistencias. También se evitará el riesgo de que la acción inmunosupresora del corticosteroide pueda enmascarar cualquier síntoma potencial de infección debida a bacterias resistentes al antibiótico. Se recomienda cambiar a un tratamiento sistémico si la infección no puede controlarse mediante el tratamiento tópico. Precaución en población pediátrica ya que pueden presentar una susceptibilidad mayor a la supresión del eje HPA y el desarrollo de un síndrome de Cushing, inducidos por la administración tópica de corticosteroides, que los adultos. Debe evitarse tratamientos prolongados, oclusión o la aplicación de grandes cantidades.
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